Todos deben haber oído alguna vez sobre los problemas de inmigración y choque de culturas entre Europa, medio oriente y el norte de África. Las historias de las naciones aquí estan tan entrelazadas que existe mucho odio y rencor entre sus pueblos. Incontables guerras por territorio, matanzas masivas, colonizaciones con abuso de poder, etc. Las historias se cruzan entre sí y las generaciones no perdonan y menos olvidan. Los líderes políticos quizás llevarán una simpatía diplomática por conveniencia económica, pero la nación es el pueblo y este no olvida;
basta una llamita para avivar el fuego. Quizás los europeos han aprendido de la historia y los errores que cometieron, pero aquellos pueblos suprimidos por muchos años aun no han sanado y el odio y resentimiento esta a flor de piel traspasandose de generación en generación. Y aunque alguna vez el dolor y el odio fueron justificados y reales, es solo sentimiento incomprendido el que prevalece en lo más jóvenes.

¿Como abarcar un tema tan delicado como este; tan controversial, tan amplio, tan colorido, tan ambiguo, tan doloroso? La mezcla de culturas y el “racismo” es un tema sin terminar que nos caracteriza a los humanos. Deja al desnudo nuestras falencias intrinsecas por ser humanos: una mezcla animal con un ser mucho mas desarrollado capaz de sentir mil cosas en un solo instante.
De teoría, historia y antropología sé poco o nada y ni la política ni la religión me interesan: yo sólo quiero hablar de una experiencia que tuve que me permitió sentir y ver este problema desde una ventanita minúscula y contarla al mundo.

Estabamos en Italia viajando en tren hacia una ciudad costera del mar adriático, cuando sucedió algo que, lejos de ser un evento trascendente, me dejó marcando ocupado. Estabamos en un vagón completamente desocupado cuando en una estación se sube un inspector de trenes, italiano. Parece que no estaba de turno ya que se sentó dos filas más allá poniendose cómodo. En la siguiente estación se sube un hombre africano, alto, robusto, entre nuestra fila y la del inspector. Yo estaba concentrada en mi libro y no estaba prestando atención.
De pronto, despierto de mi lectura interrumpida por un ruido que dada su continuidad me hizo conciente de que algo sucedía. El tren había parado y al buscar el origen del ruido, veo que por fuera del tren el africano estaba golpeando con su puño el vidrio del asiento del inspector italiano. Lo golpeaba con mucha fuerza y al mismo tiempo gesticulaba muy despectivamente. Todo esto ocurrió muy rápido. Me levanté para entender la situación. Miro al inspector esperando verlo con la misma cara de susto que yo, pero me asombró observar indiferencia y desprecio en su rostro. Mientras el africano gesticulaba violentamente, el inspector solo lo miraba con pena. ¿Qué es lo que llevó a esta situación tan de pronto? Al fín entiendo algo por el lenguaje corporal universal: el africano quiere que el inspector busque el gorro que dejó sobre el asiento y se lo arroje por la ventana. Al no ver reacción de parte de él, voy rápidamente en búsqueda y efectivamente lo encuentro. Se lo paso por la ventana y con eso espero, inocentemente o quizás correctamente, que el me agradezca el gesto y la situación se calme.
¡Error! El africano toma su gorro sin perder ni una milésima de segundo en mí y se dirige nuevamente al inspector, el cual sigue observando indiferente. El africano comienza a golpear mas fuerte aun contra la ventana y yo ahora sí que no entiendo nada. ¿A que se debe toda esta agresividad? ¿Y por qué el inspector no está indignado con la situación como yo? Busco encontrar su mirada con la mía para ver si existe algun rasgo de asombro o preocupación en su rostro, pero nada. ¿¡Como nada!? ¿Que acaso esto es normal? ¿Que acaso lo estaba disfrutando?
Los golpes y gritos se vuelven más agresivos y una vez que el tren (¡al fín!) comienza a andar, se aleja de la plataforma se baja los pantalones y le muestra su trasero.
Por última vez miré al inspector, completamente asqueada, y en su rostro pude leer dos cosas: disfrutaba verlo así y parecía acostumbrado al maltrato. Ambas cosas en una mirada.
¡Es un maldito círculo vicioso!

Ver esta situación me hace sentir la vida de forma tan real, tal cual como es: un espectro de grises y no blanco y negro como quieren hacerte ver los medios televisivos. Yo buscaba desesperadamente encontrar al malo y al bueno, al culpable y a la víctima en esta situación y no encontrarla me causó confusión. Odio y violencia por un lado, indiferencia y desprecio por otro.

Los dos eran humanos, los dos tenían falencias, inseguridades, preocupaciones, resentimientos, prejuicios y problemas. Cada cual en su mundo y ninguno dispuesto a cambiar, ceder, ni perder. Es el abanico de emociones incontroladas que envician al humano y lo hacen tener este tipo de problemas una y otra vez. Puedo rastrear las conductas perfectamente: El inspector se siente agobiado con la cantidad de inmigrantes que diariamente burlan el sistema de pago de billetes y cuando los detiene lo tratan de forma despectiva y humillante. Para él, todos comienzan a verse iguales y la actitud frente a ellos se generaliza. Su venganza es abusar del poder y volverse indiferente hacia ellos como en este caso. Eso vuelve a generar hostilidad y con eso el círculo se cierra y repite e intensifica.
Siendo muy empática, lo puedo entender…
Cada uno de nosotros tiene un límite. Algunos revientan antes, otros después. Algunos nunca nos vemos enfrentados a situaciones que nos sobrepasen por lo que creemos que “a mí eso no me pasaría”. Somo así: geneticamente estamos programados para protegernos y sobrevivir, y al mismo tiempo debemos lidiar con demasiadas emociones que nos son incontrolables: todo lo extraño es una amenaza.
No hay que culpar a nadie si no entender que todo es parte de un círculo que no acaba y es impulsado por nuestra naturaleza imperfecta.  La diplomacia es un método de convivencia pero cuando se generan estos problemas de forma masiva ya, no creo que el slogan de “somos todos uno” vaya a servir jamás. Las culturas que sufren de inmigración incontrolada y tan distinta como ocurre aquí es algo que a mi parecer no terminará bien jamás y no hay solo un culpable.

Esto ocurrió en Julio 2016 en el trayecto de Faenza a Rímini.

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